Siempre caro me fue este yermo cerro
y esta espesura, que de tanta parte
del último horizonte el ver impide.
Mas sentado y mirando, interminables
espacios a su extremo, y sobrehumanos
silencios, y hondísimas quietudes
imagino en mi mente; hasta que casi
el pecho se estremece. Y cuando el viento
oigo crujir entre el ramaje, yo ese
infinito silencio a este susurro
voy comparando: y en lo eterno pienso,
y en la edad que ya ha muerto y la presente
y viva, y en su voz. Así entre esta
inmensidad mi pensamiento anega:
y naufragar en este mar me es dulce.
jueves, 6 de mayo de 2010
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2 comentarios:
La ignorancia sustrae tiempo, deprava años en la vida del hombre, sin embargo permite vivir en la oscuridad; la oscuridad permite vivir en la libertad de la inconsciencia. el conocimiento somete, obliga a vivir de cuerdo a la conciencia de lo aprendido y lo aprehendido. El último horizonte, el infinito silencio y la inmensidad del pensamiento anegado obliga a pensar en la cercanía de la muerte, en la oquedad de los silencios sobrehumanos que invaden la existencia. Una contemplación nada más.
bienvenida es, bienvenida la contemplación
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