jueves, 6 de mayo de 2010

GIACOMO LEOPARDI

Siempre caro me fue este yermo cerro
y esta espesura, que de tanta parte
del último horizonte el ver impide.
Mas sentado y mirando, interminables
espacios a su extremo, y sobrehumanos
silencios, y hondísimas quietudes
imagino en mi mente; hasta que casi
el pecho se estremece. Y cuando el viento
oigo crujir entre el ramaje, yo ese
infinito silencio a este susurro
voy comparando: y en lo eterno pienso,
y en la edad que ya ha muerto y la presente
y viva, y en su voz. Así entre esta
inmensidad mi pensamiento anega:
y naufragar en este mar me es dulce.

2 comentarios:

Peña Diaz dijo...

La ignorancia sustrae tiempo, deprava años en la vida del hombre, sin embargo permite vivir en la oscuridad; la oscuridad permite vivir en la libertad de la inconsciencia. el conocimiento somete, obliga a vivir de cuerdo a la conciencia de lo aprendido y lo aprehendido. El último horizonte, el infinito silencio y la inmensidad del pensamiento anegado obliga a pensar en la cercanía de la muerte, en la oquedad de los silencios sobrehumanos que invaden la existencia. Una contemplación nada más.

Ricardo Ramírez Requena dijo...

bienvenida es, bienvenida la contemplación